Muchas personas desechan el agua vieja del acuario por el desagüe sin pensarlo dos veces. Se ve turbia, huele ligeramente a tierra y parece ya “gastada”. Pero para los jardineros, esa misma agua suele considerarse un pequeño regalo. El agua del acuario contiene rastros de vida que las plantas reconocen bien. No de forma espectacular ni como una cura milagrosa, sino como algo silenciosamente útil. Proviene de un sistema cerrado donde peces, plantas, bacterias y alimento interactúan a diario. Cuando se retira durante un cambio rutinario de agua, todavía conserva nutrientes y minerales que las plantas del suelo pueden aprovechar. Para quienes ya tienen peces, reutilizar el agua del acuario no es tanto un truco ingenioso como una forma de observar lo que ya existe y darle otro destino en lugar de dejarlo desaparecer.
El agua del acuario no es un desecho, sino un aporte oculto de nutrientes para las plantas Según un estudio publicado en MDPI, el agua del acuario acumula nutrientes con el tiempo. Los desechos de los peces, el alimento no consumido y los restos vegetales se descomponen en formas que las plantas pueden utilizar. El nitrógeno es el más importante. En los acuarios, el amoníaco procedente de los desechos de los peces es transformado por bacterias en nitritos y luego en nitratos. El amoníaco y el nitrito son peligrosos para los peces, por lo que los cambios de agua son necesarios, pero el nitrato es mucho más seguro y, además, es un nutriente clave para el crecimiento de las hojas. Cuando el agua del acuario se vierte sobre el suelo del jardín, el nitrógeno entra en otro ciclo. Los microorganismos del suelo y las raíces lo absorben lentamente. Se diluye, se distribuye y rara vez es lo suficientemente fuerte como para quemar las plantas si se usa con sensatez.
Nutrientes disueltos en el agua del acuario Además del nitrógeno, el agua del acuario suele contener pequeñas cantidades de fósforo y potasio, ambos nutrientes esenciales para las plantas. Provienen principalmente del alimento de los peces y de la descomposición de la materia orgánica. También pueden estar presentes oligoelementos como el hierro, especialmente en acuarios plantados. La dureza del agua también influye. El calcio y el magnesio disueltos pueden beneficiar la estructura del suelo y la salud de las plantas, en particular en macetas o camas elevadas, donde los minerales tienden a perderse con el tiempo. El pH del agua suele ser estable gracias al efecto tampón de los carbonatos, lo que significa que es poco probable que altere bruscamente el suelo del jardín cuando se usa de forma ocasional. No es un fertilizante en sentido estricto, pero tampoco es solo agua.
El agua del acuario es segura para las plantas La mayoría de las plantas de jardín responden bien al agua del acuario, especialmente las hortalizas de hoja, las plantas de interior, las hierbas y las plantas ornamentales. Es mejor aplicarla directamente al suelo y no pulverizarla sobre las hojas. El agua puede contener microorganismos que, aunque suelen ser inofensivos, no aportan beneficios cuando permanecen sobre el follaje. Evita usar agua del acuario en plantas que prefieren suelos muy secos o pobres en nutrientes. Las suculentas y los cactus pueden no tolerar bien ese aporte extra. El agua de acuarios marinos no debe utilizarse en absoluto, ya que la salinidad puede dañar el suelo y las raíces. Los acuarios de agua dulce sin productos químicos añadidos son la opción más segura. Si recientemente se usaron medicamentos en el acuario, es mejor desechar esa agua.
La materia orgánica ayuda al suelo del jardín El agua del acuario suele contener finas partículas en suspensión. Estos diminutos restos de materia orgánica enturbian ligeramente el agua. En el acuario, un exceso de esto es un problema. En el suelo, se convierte en alimento. Los microorganismos la descomponen, mejorando la vida y la estructura del suelo. Esto puede ayudar a que los suelos arenosos retengan mejor la humedad y favorezcan a las bacterias beneficiosas. La demanda de oxígeno de esta materia orgánica no representa un problema una vez que se diluye en el suelo abierto. Lo importante es que aporta algo vivo y activo, en lugar de algo estéril. Con el tiempo, esto puede mejorar suavemente la salud del suelo, especialmente en macetas, donde la biodiversidad del suelo suele ser limitada.
Cómo usar el agua del acuario en el jardín El enfoque más simple es el mejor. Utiliza el agua del acuario durante el riego habitual, vertiéndola directamente sobre el suelo en la base de las plantas. No es necesario almacenarla durante largos períodos. El agua recién retirada es adecuada. Úsala de manera ocasional, no en cada riego. Piénsala como un complemento, no como una rutina. Las plantas responden lentamente, no de forma inmediata. No habrá cambios dramáticos de un día para otro. Con el tiempo, las hojas pueden verse un poco más frondosas y el suelo puede mantenerse ligeramente más cohesionado. El beneficio es discreto y acumulativo. Para muchos jardineros, el atractivo está tanto en reducir el desperdicio como en mejorar el crecimiento.