Un grupo de mujeres australianas detenidas en el campamento kurdo de
al-Roj, en el noreste de Siria, por sus vínculos familiares con combatientes del Estado Islámico (EI), aseguró que aceptaría separarse de sus hijos si eso permitiera que los menores regresaran a Australia.
Algunas de las 11 mujeres retenidas desde al menos 2019 pidieron al gobierno australiano repatriar a los
23 niños, algunos de apenas seis años, incluso si debían quedar bajo el cuidado de familiares mientras ellas permanecen en el campamento. Afirman que el estado psicológico de los menores se ha deteriorado tras años de detención.
Zahra Ahmad, madre de tres hijos originaria de Melbourne, describió episodios de terrores nocturnos, insomnio y conductas regresivas, como el caso de su hijo adolescente que volvió a mojar la cama, síntomas asociados al trauma emocional. “Los niños son inocentes y necesitan crecer en un entorno seguro”, dijo.
No todas las mujeres están dispuestas a separarse de sus hijos, pero la desesperación aumentó tras un intento fallido de repatriación la semana pasada. Las familias fueron liberadas temporalmente por autoridades kurdas para viajar hacia Damasco y tomar vuelos a Australia, pero el convoy fue obligado a regresar al campamento tras la intervención del gobierno sirio por falta de coordinación oficial.
Canberra mantiene su negativa a facilitar el regreso del grupo, pese a advertencias de organizaciones de derechos humanos que consideran arbitraria su detención y denuncian las duras condiciones del campamento, donde los niños enfrentan temperaturas extremas y riesgo de radicalización.
La decepción también afectó profundamente a los menores. Baidaa, de 11 años, rompió en llanto al recordar el regreso forzado al campamento: “Solo quiero vivir en una casa y tener una vida normal”.
La urgencia aumentó después de que el gobierno sirio asumiera el control del campamento de al-Hawl, donde miles de mujeres y niños extranjeros vinculados al EI fueron sacados clandestinamente hacia destinos desconocidos, lo que expertos consideran un riesgo de trata o reclutamiento extremista. El futuro de al-Roj también es incierto ante la posibilidad de su cierre.
Organizaciones australianas y Save the Children han pedido durante años la repatriación conjunta de madres e hijos. Su director ejecutivo, Mat Tinkler, advirtió que separar a los niños de sus madres podría causar daños psicológicos permanentes, ya que muchas han sido su única fuente de apoyo durante siete años.
Según explicó, agencias de seguridad australianas han recomendado repetidamente traerlos juntos al país, argumentando que en Siria no enfrentarán procesos judiciales adecuados ni existen programas efectivos de reintegración o desradicalización.
Human Rights Watch denunció además redadas nocturnas por parte de fuerzas kurdas dentro del campamento, con denuncias de golpes, amenazas, robos y separación de niños varones de sus madres. Expertos alertan que el creciente caos expone a mujeres y menores al tráfico, la explotación y el reclutamiento por grupos armados.