Una bebida no alcohólica de gran consumo ha ganado una inmensa popularidad entre millones de jóvenes, pero estudios recientes han puesto en evidencia vínculos preocupantes entre las bebidas energéticas y diversos problemas de salud, incluyendo un mayor riesgo de complicaciones cardíacas y renales, así como trastornos de ansiedad. Aunque se las considera una forma rápida de aumentar la energía y la concentración, estas bebidas han sido asociadas con una serie de efectos negativos, como insomnio, hipertensión, fuertes dolores de cabeza y molestias gastrointestinales.
El consumo de bebidas energéticas se ha disparado, especialmente entre los jóvenes que duermen poco. Se estima que aproximadamente el 31% de los jóvenes en el Reino Unido las consumen con regularidad. A pesar de su aparente capacidad para mejorar el estado de alerta, los expertos en salud advierten cada vez más sobre los peligros potenciales de estas bebidas, especialmente para la población joven que constituye su principal mercado.
Annabel Gipp, dietista registrada y colaboradora de la Asociación Británica de Dietética (BDA), ha detallado los efectos adversos graves asociados al consumo de bebidas energéticas, principalmente por su alto contenido de cafeína. Gipp señala:
“El aumento del consumo de cafeína entre niños y adolescentes eleva la presión arterial, altera los patrones de sueño, provoca intensos dolores de cabeza y trastornos estomacales. También se han reportado casos de lesiones relacionadas con episodios de hiperactividad causados por estas bebidas.”
Además de estos efectos inmediatos, Gipp subraya las consecuencias a largo plazo:
“La adolescencia es una etapa clave para el desarrollo óseo, y se ha demostrado que la cafeína interfiere en la absorción de calcio en el intestino delgado, lo que puede derivar en una menor densidad ósea. Este efecto perjudicial se agrava cuando las bebidas energéticas reemplazan a alternativas ricas en calcio como la leche.”
Una revisión exhaustiva publicada en 2023 en la revista
Nutrients, que analizó 18 informes sobre los efectos adversos de las bebidas energéticas en menores de 18 años, reveló que casi la mitad de los casos estaban relacionados con problemas cardiovasculares. Estos incluían condiciones graves como arritmia cardíaca e hipertensión arterial. Además, un tercio de los casos analizados mostraban problemas neuropsicológicos y un 22% afectaciones renales.
El estudio también encontró que en el 44% de los casos, los afectados presentaban condiciones médicas preexistentes. Los investigadores señalaron:
“Se documentaron eventos cardiovasculares adversos en el 45% de los casos, incluyendo arritmias, hipertensión arterial, vasoespasmo coronario agudo y disección espontánea de la arteria coronaria.”
Incluso se reportó un caso donde un adolescente saludable sufrió graves efectos cardiovasculares tras consumir solo una cantidad moderada de cafeína (80 mg).
El estudio citó también un caso de 2011 en el que un adolescente sufrió una insuficiencia renal aguda asociada al consumo de bebidas energéticas. Se mencionó que el alto contenido de taurina en estas bebidas podría haber contribuido al problema, ya que “aproximadamente el 95% de la taurina se metaboliza en los riñones”. Además, se destacó que el consumo de estas bebidas podría provocar hipertensión arterial, trastornos metabólicos por exceso de azúcar y aumento de peso, todos factores de riesgo para enfermedades renales crónicas.
A nivel psicológico, un reciente estudio publicado en la revista
Public Health encontró una preocupante correlación entre el consumo de bebidas energéticas y problemas de salud mental en niños y jóvenes. El estudio analizó datos de 57 investigaciones realizadas en más de 21 países, con una muestra total de más de 1.2 millones de participantes. Se identificaron asociaciones significativas con ansiedad, estrés, depresión e incluso pensamientos suicidas.
La doctora Shelina Visram, profesora de salud pública en la Universidad de Newcastle y coautora del estudio, expresó su preocupación:
“Nos inquietan enormemente las implicaciones de que estas bebidas puedan generar angustia psicológica y problemas de salud mental. Estos hallazgos constituyen un problema urgente de salud pública.”
Desde hace años, expertos e investigadores vienen reclamando una regulación más estricta sobre estas bebidas. La profesora Amelia Lake, autora principal del estudio, señaló:
“Las bebidas energéticas se comercializan a los niños y adolescentes como una forma de mejorar su rendimiento y nivel de energía, pero nuestras investigaciones muestran que pueden causar más perjuicio que beneficio.”
Además, añadió:
“Hemos advertido sobre sus efectos perjudiciales durante casi una década. Se venden a menores de hasta diez años por apenas 25 peniques, más baratas que una botella de agua.”
La creciente evidencia sugiere que las bebidas energéticas no solo afectan la salud física y mental de niños y adolescentes, sino también su comportamiento y rendimiento académico. Es urgente tomar medidas para reducir estos riesgos y proteger a los jóvenes de sus efectos nocivos.
¿Cuáles son las alternativas a las bebidas energéticas?
Opciones más saludables incluyen infusiones de hierbas, jugos naturales, agua de coco y agua simple. Estas bebidas proporcionan hidratación, nutrientes esenciales y un aumento moderado de energía sin los efectos nocivos de la cafeína o el azúcar.
Alimentos como el chocolate negro, el té verde y las bayas de goji también pueden brindar un impulso energético natural. Además, mantener una rutina de sueño adecuada y practicar actividad física con regularidad es fundamental para conservar niveles estables de energía durante el día.
Los batidos naturales con vegetales de hoja verde, frutas frescas y proteínas son una excelente manera de mantenerse con energía. Como merienda rápida, los frutos secos, las semillas o un plátano ofrecen energía sostenida sin causar bajones posteriores.
La hidratación también es esencial, ya que incluso una leve deshidratación puede provocar fatiga y falta de concentración. Limitar el consumo de azúcares procesados y cafeína ayuda a evitar picos y caídas de energía. Por último, manejar el estrés mediante la meditación o la atención plena puede mejorar la vitalidad general y mantener un equilibrio energético.
Consejos para una buena salud renal
Una dieta rica en nutrientes y baja en sodio reduce la carga sobre los riñones. Verduras como espinacas y col rizada, ricas en vitaminas y antioxidantes, favorecen la función renal, aunque deben consumirse con moderación en personas con problemas renales por su contenido en potasio. Las bayas como los arándanos y las fresas, bajas en potasio y ricas en antioxidantes, ayudan a reducir la inflamación.
Pescados grasos como el salmón, ricos en ácidos grasos omega-3, benefician la salud cardiovascular, que a su vez es esencial para el buen funcionamiento renal. Otros vegetales recomendables son el pimiento rojo, la coliflor, la col y la cebolla, todos bajos en potasio y ricos en fibra y antioxidantes. Las manzanas y los arándanos también contribuyen a combatir la inflamación y a mantener niveles adecuados de sodio y potasio.
Beber suficiente agua es crucial para la función renal. También lo es llevar una dieta equilibrada, controlar la presión arterial y el azúcar en sangre, evitar el tabaco y el alcohol, y mantener un peso saludable. Hacer ejercicio de forma regular (al menos 150 minutos por semana) contribuye a conservar una buena salud general.
En lugar de buscar energía rápida y efímera en fuentes perjudiciales, es mejor entrenar al cuerpo para obtener energía de fuentes saludables. Alimentar el cuerpo con alimentos nutritivos ayuda a estabilizar los niveles de energía, mejorar la concentración y favorecer el bienestar general. Con el tiempo, estas pequeñas decisiones constantes se traducen en mayor resiliencia física y mental.