En una entrevista publicada esta semana, el presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, afirmó que
no hay límites reales a su poder global excepto su “propia moralidad.” Trump dijo al
New York Times que, cuando se le preguntó si
la ley internacional restringía su autoridad para tomar acciones militares o políticas en el extranjero, su respuesta fue clara: “
No necesito la ley internacional.” Añadió: “No busco lastimar a nadie,” pero enfatizó que lo único que podría detenerlo era
su propio juicio moral y su mente. Los comentarios de Trump ocurrieron pocos días después de una operación rápida de las fuerzas estadounidenses para remover del poder al líder venezolano
Nicolás Maduro, una acción que también atrajo la atención global. Trump también habló sobre posibles acciones en otras regiones, incluyendo el territorio ártico de
Groenlandia, una zona semi-autónoma bajo la soberanía de Dinamarca, de la cual Trump ha manifestado repetidamente interés.
Cuando se le preguntó si la ley internacional limita sus decisiones, Trump respondió que
depende de la definición de la ley internacional, lo que sugiere que considera que Estados Unidos —y su administración— puede interpretar esas normas de acuerdo con los intereses nacionales. Reconoció que “sí” debe cumplir con la ley internacional, pero lo ligó a su propia interpretación en lugar de a un mecanismo de cumplimiento externo.
Estados Unidos
no es miembro de la Corte Penal Internacional (CPI), el tribunal global que juzga a criminales de guerra, y ha rechazado decisiones de la
Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la ONU en casos que involucran acciones estadounidenses. Las declaraciones de Trump reflejan un escepticismo más amplio hacia las normas multilaterales y subrayan su enfoque en
soberanía y acción unilateral. Los críticos sostienen que confiar únicamente en la moralidad personal de un líder en lugar de normas internacionales establecidas podría
debilitar la estabilidad global, fracturar alianzas y alentar a otras potencias a actuar sin respeto por marcos legales compartidos. Por otro lado, quienes apoyan este enfoque aseguran que prioriza los intereses de Estados Unidos y permite un liderazgo más decisivo en un mundo que ven dominado por la política de poder.
Los comentarios también se dieron en medio de un renovado debate sobre la importancia estratégica de Groenlandia. China criticó a Estados Unidos por discutir el futuro de Groenlandia sin respetar normas legales internacionales, y pidió que los asuntos árticos sean gobernados por el derecho internacional y el respeto mutuo entre naciones.