Algo inusual está ocurriendo en el Pacífico y podría afectar al clima en todo el mundo

El Pacífico central está mostrando cambios rápidos: La Niña se debilita, los vientos se vuelven inestables y el agua cálida avanza bajo la superficie. Esto podría abrir paso a un futuro episodio de El Niño. Como el Pacífico influye en el clima global, estas variaciones pueden afectar lluvias, temperaturas y tormentas en distintas partes del mundo en los próximos meses.
Algo inusual está ocurriendo en el Pacífico y podría afectar al clima en todo el mundo
(Crédito de la imagen: iTimes Spanish)
Se están produciendo cambios en el océano Pacífico central, aunque no resultan evidentes a primera vista. Los vientos se comportan de forma menos predecible, las temperaturas de la superficie están variando y los patrones de presión comienzan a perder su forma habitual. Datos de Severe Weather Europe sugieren que la fase prolongada de La Niña se está debilitando más rápido de lo esperado. Al mismo tiempo, agua más cálida se está acumulando bajo la superficie y avanzando lentamente hacia el este. Estas señales son importantes porque el Pacífico desempeña un papel central en el clima global. Cuando su equilibrio cambia, las consecuencias rara vez se limitan a una sola región. Con el tiempo, suelen manifestarse en los patrones de lluvia, las temperaturas y la actividad de tormentas en distintas partes del mundo. El Pacífico está cambiando más rápido: La Niña parece menos estable que antes Durante gran parte del último año, las aguas superficiales más frías han dominado el Pacífico tropical. Los fuertes vientos alisios ayudaron a mantener esa configuración, empujando el agua cálida hacia el oeste y haciendo que aguas más frías afloraran en el este. Últimamente, esta estructura se ve menos firme. En varias zonas de la cuenca, especialmente en el oeste, las anomalías frías están disminuyendo. Aunque los efectos de La Niña aún se perciben en la atmósfera, ahora son más irregulares e inestables. Las previsiones se han vuelto menos seguras, aunque algunas regiones todavía podrían verse afectadas hasta comienzos de la primavera. El cambio en sí no es inusual, pero destaca por su rapidez y su falta de uniformidad. El agua cálida se desplaza silenciosamente bajo la superficie Lejos de la superficie, los cambios avanzan de manera más discreta. Los sensores muestran una masa de agua más cálida que se desliza hacia el este a lo largo del ecuador. Este movimiento suele aparecer antes de los eventos de El Niño, aunque no siempre conduce a uno. Al mismo tiempo, breves episodios de vientos del oeste han atravesado partes del Pacífico ecuatorial. Estos interrumpen los vientos alisios habituales y permiten que el calor superficial se extienda. Por sí solos, duran poco, pero repetidos durante semanas pueden dejar huella. Nada de esto confirma un resultado concreto, pero sugiere que el sistema ya no está completamente estable. El ENSO sigue influyendo en regiones lejanas El ENSO, siglas de El Niño–Oscilación del Sur, alterna entre fases cálidas y frías con el tiempo. Cada fase impulsa la atmósfera en direcciones distintas. Durante El Niño, las aguas más cálidas liberan más calor al aire, alterando los patrones de presión y desplazando las corrientes en chorro. Estos cambios no se quedan sobre el océano. Los regímenes de lluvia se ajustan: algunas regiones reciben más precipitaciones y otras menos. Las trayectorias de las tormentas se modifican. Las variaciones extremas de temperatura se vuelven más probables. Aunque las conexiones no siempre son directas y el tiempo de respuesta varía, las señales del Pacífico suelen reaparecer meses después en zonas muy alejadas del ecuador. Los vientos alisios siguen siendo parte clave de la historia Los vientos alisios moldean silenciosamente gran parte de lo que sucede. Cuando soplan de manera constante de este a oeste, favorecen condiciones más frías en el Pacífico oriental. Cuando se debilitan o fallan, el agua cálida comienza a expandirse. Estos cambios son graduales. Pequeñas variaciones en la fuerza del viento modifican las corrientes, que ajustan las temperaturas, y estas a su vez retroalimentan la atmósfera. Las observaciones recientes indican que este lento proceso de ajuste ya está en marcha. Aún no está claro si desembocará en una nueva fase o si se detendrá a medio camino. Los modelos apuntan a un cambio más adelante en el año Los modelos climáticos actuales tienden a indicar una transición más adelante en el año, con condiciones de El Niño cada vez más probables hacia el otoño. Si esto se confirma, los impactos más amplios se sentirían durante el invierno de 2026 a 2027. La posible intensidad de ese evento sigue siendo incierta. Algunos episodios de El Niño son moderados y causan alteraciones limitadas, mientras que otros amplifican tensiones existentes, especialmente en regiones donde los sistemas de agua y alimentos ya son frágiles. Los científicos subrayan que estas proyecciones seguirán ajustándose a medida que se disponga de nuevos datos. Los efectos suelen ir más allá de los mapas meteorológicos Los cambios en el ENSO rara vez se limitan a las previsiones del tiempo. La agricultura suele ser una de las primeras en reaccionar, conforme varían las lluvias y las temperaturas. Las pesquerías se ajustan a las nuevas condiciones oceánicas. Las inundaciones o las sequías pueden repercutir en las cadenas de suministro y en los precios. Estos efectos no llegan de golpe ni afectan a todas las regiones por igual. A menudo solo se perciben cuando ya han comenzado. El Pacífico no anuncia claramente sus transiciones. Empiezan como pequeños movimientos en el viento y el agua. Con el tiempo, esos movimientos suelen hacerse visibles en otros lugares, a veces de formas que solo se reconocen cuando ya han ocurrido.