Este es el lugar más seco de la Tierra, donde la lluvia puede no caer durante siglos

El desierto de Atacama, en el norte de Chile, es el lugar más seco de la Tierra, donde en algunas zonas no llueve desde hace siglos. Su extrema aridez, causada por la barrera de los Andes y la corriente fría de Humboldt, crea un paisaje casi inmóvil que atrae a científicos y sirve para estudiar condiciones similares a las de Marte.
Este es el lugar más seco de la Tierra, donde la lluvia puede no caer durante siglos
(Crédito de la imagen: iTimes Spanish)
El desierto de Atacama se extiende a lo largo del norte de Chile, una franja larga y estrecha entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes. A menudo se lo describe como el lugar más seco de la Tierra, aunque esa definición casi se queda corta. Según Discovery, en algunas zonas las precipitaciones apenas alcanzan los 0,03 pulgadas al año. En otras, no se ha registrado lluvia en siglos. El suelo lo refleja: la piedra reemplaza a la tierra, los lagos salinos se convierten en placas blancas endurecidas y todo parece detenido en el tiempo. Lo curioso es que el desierto no está aislado. Se encuentra junto al océano más grande del planeta, cerca de puertos, carreteras y ciudades. El agua está cerca, pero nunca llega. Esa contradicción define al Atacama: un lugar expuesto, silencioso y casi inmutable. El desierto de Atacama: el más seco del mundo junto al océano Pacífico Los Andes se elevan abruptamente al este y actúan como una barrera que impide el paso del aire húmedo. Al oeste, el Pacífico envía nubes que rara vez se transforman en lluvia. La fría corriente de Humboldt enfría el aire cercano a la superficie, mientras que el aire más cálido queda por encima. Así, las tormentas se convierten en niebla. Las nubes bajas avanzan por las colinas y luego desaparecen. Este patrón casi no cambia. Los sistemas de alta presión permanecen durante largos periodos. Las estaciones pasan sin grandes variaciones. No es una sequía repentina, sino una ausencia constante de agua. El paisaje se adapta lentamente: nada crece rápido, pero tampoco desaparece con facilidad. La vida sobrevive donde la niebla toca la tierra La mayor parte del interior carece casi por completo de vegetación. En algunos lugares, ni siquiera la materia orgánica muerta se descompone. Los investigadores han encontrado restos que podrían tener miles de años. Esta quietud es precisamente lo que atrae a los científicos. Agencias espaciales prueban aquí equipos para Marte, ya que el suelo presenta condiciones extremas. Más cerca de la costa y en algunas colinas aisladas, la situación cambia un poco. La niebla se acumula en las laderas y alimenta pequeños ecosistemas. Algunas bromelias absorben la humedad directamente del aire. Aparecen plantas efímeras que duran poco tiempo. En estos espacios existen unas 550 especies vegetales, muchas de ellas endémicas. La fauna es escasa: insectos, escorpiones, lagartijas y algunas aves forman cadenas de vida frágiles. Un desierto marcado por la huella humana y el abandono El Atacama también posee grandes depósitos de nitrato de sodio. La minería transformó partes del desierto a comienzos del siglo XX. Surgieron pueblos que luego quedaron abandonados. Los edificios siguen en pie gracias al aire seco. Las herramientas se oxidan lentamente. Las carreteras conducen a la nada. Hoy el desierto sigue atrayendo atención, aunque por otras razones. Científicos de la NASA, astrónomos e ingenieros llegan y se van. La tierra apenas registra su presencia. El Atacama no responde rápido ni ofrece señales claras. Permanece seco, frío y distante, incluso mientras es observado con detenimiento.