Guerras sin declaración: el estilo estadounidense

El texto explica cómo Estados Unidos ejerce su poder militar y económico sin declarar guerras de forma oficial, como ocurrió con la captura de Nicolás Maduro. Gracias a su enorme superioridad militar y económica, Washington puede intervenir mediante operaciones especiales, sanciones y presión financiera, evitando así los costos políticos y legales de una guerra formal. Esta estrategia permite mayor flexibilidad y control, pero debilita la rendición de cuentas y redefine la naturaleza de los conflictos modernos, donde la fuerza se ejerce sin asumir abiertamente la responsabilidad de una guerra.
Guerras sin declaración: el estilo estadounidense
(Crédito de la imagen: iTimes Spanish)
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos se realizó con rapidez y precisión. El 3 de enero, en una operación llamada Operation Absolute Resolve, fuerzas especiales estadounidenses detuvieron al presidente venezolano y a su esposa, Cilia Flores, en Caracas y los trasladaron a Nueva York, donde enfrentan cargos por una supuesta “conspiración de narcoterrorismo”. Sin embargo, esta acción no ocurrió dentro de una guerra formalmente declarada. Aunque las intervenciones de EE. UU. en Vietnam, Afganistán e Irak se llaman “guerras”, la última guerra oficialmente declarada por el país fue la Segunda Guerra Mundial, en 1942. La acción más reciente de tipo bélico ocurrió en junio del año pasado, cuando EE. UU. apoyó a Israel contra Irán. Esto plantea una pregunta clave: ¿por qué y cómo Estados Unidos libra guerras sin declararlas formalmente? En términos económicos, según el FMI, la economía estadounidense alcanzó los 30,62 billones de dólares en octubre de 2025, siendo la mayor del mundo. Además, 612 empresas de la lista Forbes Global 2000 tienen sede en EE. UU., encabezadas por JPMorgan Chase. Militarmente, es considerado el país más poderoso del planeta, como muestran la eliminación de Osama bin Laden, Abu Bakr al-Baghdadi, Qasem Soleimani, los ataques contra ISIS en Siria, los hutíes en Yemen y ahora la captura de Maduro. Trump afirmó: “El ejército estadounidense es el más fuerte y temible del mundo”. Este poder económico y militar da enorme influencia al presidente, pero su uso depende del ocupante de la Casa Blanca. En su segundo mandato, Trump se ha mostrado más beligerante que cualquier otro presidente, usando abiertamente la amenaza militar como instrumento de política exterior. Incluso insinuó que Colombia podría ser el próximo objetivo y habló de “anexionar” Groenlandia, provocando protestas de Dinamarca y Groenlandia. Esto contradice su imagen de “presidente de la paz”. Sobre la legalidad, el Congreso fue informado de Operation Absolute Resolve solo después de iniciada, igual que ocurrió con ataques previos a Irán. La Constitución, en el Artículo I, da al Congreso el poder exclusivo de declarar la guerra, algo que ha hecho 11 veces en la historia, la última en 1942. La Casa Blanca, sin embargo, justifica estas acciones con el Artículo II, que permite al presidente usar fuerzas armadas para proteger los intereses nacionales. En Afganistán e Irak, el Congreso dio su aval mediante autorizaciones especiales (AUMF), no mediante declaraciones de guerra. La guerra no es solo militar. EE. UU. también usa herramientas económicas como armas estratégicas:
  • Sanciones económicas, definidas como medidas punitivas contra países o individuos que violan normas internacionales, administradas por la OFAC.

  • Aranceles, que son impuestos a las importaciones. El término volvió a cobrar fuerza con los “aranceles de Trump” durante su segundo mandato.

Ucrania es otro ejemplo de “guerra sin declaración”. EE. UU. ha sido su principal proveedor de ayuda desde 2022. Según el Instituto Kiel, hasta agosto de 2025 Washington aportó 114.640 millones de dólares en ayuda militar, financiera y humanitaria, frente a los 63.180 millones de la Unión Europea. Esto ha llevado a muchos a ver el conflicto como una guerra indirecta entre EE. UU. y Rusia. La declaración de Zelensky de que “EE. UU. sabe lo que debe hacer ahora” tras la captura de Maduro reforzó esa percepción. ¿Por qué EE. UU. evita declarar guerras? La politóloga Tanisha Fazal explica que el aumento de leyes que regulan la conducta en guerra eleva los costos legales y políticos de una declaración formal. Sarah Kreps añade que la guerra moderna se libra con drones, fuerzas especiales y ciberataques, reduciendo las bajas propias y, por tanto, la atención pública. Además, al no declarar la guerra, el Congreso evita asumir responsabilidades políticas si la operación fracasa. También permite a la Casa Blanca presentar las acciones como “limitadas” o “indirectas”, reduciendo consecuencias legales y diplomáticas. El secretario de Estado, Marco Rubio, insistió en que la captura de Maduro “no es una guerra contra Venezuela”. Curiosamente, Rusia tampoco declaró formalmente la guerra a Ucrania, llamando a la invasión “operación militar especial”. Bajo el “Trump 2.0”, Estados Unidos parece decidido a seguir proyectando poder sin declarar guerras, usando fuerza militar y presión económica para influir en el mundo mientras minimiza costos políticos y legales. Aunque esta estrategia mantiene la hegemonía estadounidense, plantea serias dudas sobre la rendición de cuentas y el futuro de la guerra moderna.