La esperanza se fue apagando en la sierra. Autoridades confirmaron este fin de semana el hallazgo sin vida de tres de los diez trabajadores mineros que fueron privados de la libertad a finales de enero en una zona serrana del municipio de Concordia, al sur del estado.
Los cuerpos fueron localizados durante un operativo de búsqueda en caminos de difícil acceso, luego de varios días de rastreos por tierra y aire. El hallazgo cimbró a comunidades cercanas, donde la noticia corrió rápido y dejó un ambiente de dolor, coraje e incertidumbre entre familiares y habitantes de la región.
El secuestroLos trabajadores se desempeñaban en una mina de la zona cuando fueron levantados por hombres armados. Desde entonces, no se volvió a saber de ellos. La sierra, conocida por su riqueza mineral pero también por la presencia constante de grupos criminales, se convirtió en escenario de uno de los episodios más crudos que ha vivido el sector minero en los últimos años.
Vecinos relatan que desde aquel día el movimiento en la zona cambió: menos tránsito, más retenes improvisados y un silencio que pesa.
“Aquí uno aprende a no preguntar mucho, pero esto sí nos dolió a todos”, comentó un habitante que pidió el anonimato.
Identificación y dueloLas víctimas ya fueron identificadas por sus familiares, quienes se trasladaron hasta Sinaloa para realizar los trámites correspondientes. Eran trabajadores especializados, con años de experiencia en el ramo minero, y habían llegado a la región buscando una oportunidad laboral, sin imaginar el desenlace.
En sus lugares de origen, amigos y compañeros comenzaron a despedirlos con mensajes, veladoras y misas.
“Solo salieron a trabajar”, repetían familiares entre lágrimas.
Siete siguen desaparecidosA pesar del hallazgo, siete mineros continúan en calidad de desaparecidos. Las autoridades mantienen operativos en la zona serrana, con apoyo del Ejército y fuerzas federales, aunque hasta el momento no se ha informado de nuevos avances.
Organizaciones del sector minero y colectivos ciudadanos exigieron que la búsqueda no se detenga y que el caso no quede en el olvido, como tantos otros en regiones donde la violencia se ha normalizado.
Una herida abiertaEste hecho vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los trabajadores en zonas controladas por el crimen organizado, así como la falta de condiciones de seguridad en regiones ricas en recursos pero pobres en presencia del Estado.
Mientras tanto, Concordia guarda luto. En la sierra, la tierra que da trabajo y sustento también volvió a convertirse en tumba. Y las familias de los desaparecidos siguen esperando, aferradas a la esperanza de que no todo esté perdido.