Desde el puerto de Veracruz, dos barcos de la Armada mexicana zarparon esta semana con un destino claro y un mensaje aún más fuerte
: la solidaridad no se abandona cuando las cosas se ponen difíciles. A bordo viajan más de 800 toneladas de alimentos y productos básicos con rumbo a Cuba, un país que atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente.
Los buques Papaloapan e Isla Holbox llevan cargamentos de leche —líquida y en polvo—, arroz, frijol, aceite, conservas y artículos de higiene personal. No es solo mercancía:
es ayuda directa para miles de familias cubanas que enfrentan escasez, apagones y una economía asfixiada por múltiples factores, internos y externos.La decisión fue tomada por el gobierno mexicano como un acto humanitario, en línea con una tradición diplomática que, más allá de ideologías, ha buscado mantener puentes abiertos con América Latina y el Caribe.
“Ayudar al pueblo, no mirar hacia otro lado”, parece ser el mensaje detrás del envío.
En Cuba, el gesto no pasó desapercibido. Las autoridades agradecieron públicamente el apoyo, pero más allá de los discursos, el impacto real se medirá cuando estos alimentos lleguen a las mesas de la gente común:
madres, adultos mayores, niños, personas que llevan meses adaptándose a la falta de lo esencial.Este envío también ocurre en un contexto regional tenso. La crisis energética cubana, las restricciones comerciales y las presiones internacionales han puesto a varios países en una posición incómoda:
ayudar o callar. México optó por lo primero, dejando claro que la ayuda humanitaria no debería ser rehén de disputas políticas.
No es una solución definitiva para los problemas de la isla, y nadie lo pretende. Pero en tiempos donde la indiferencia suele ser la norma, un acto concreto de apoyo tiene peso propio. Dos barcos no cambian la historia, pero sí alivian el presente.
Y a veces, eso es lo que más urge.