Las tensiones geopolíticas se intensificaron tras los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán, lanzados bajo el nombre de “Operation Epic Fury”, dirigidos contra infraestructura nuclear y de misiles. Trump declaró que el objetivo era impedir que Irán obtuviera un arma nuclear y aseguró que las operaciones habían sido “muy exitosas”.
Los bombardeos dejaron importantes víctimas civiles y culminaron con la muerte del líder supremo iraní,
Ali Khamenei, de 86 años, en ataques con misiles en Teherán. En respuesta, Irán lanzó ofensivas contra Israel y varios estados del Golfo, afectando también instalaciones estadounidenses en la región.
En declaraciones previas, Trump había advertido que si Irán o grupos aliados intentaban asesinarlo, serían “borrados de la faz de la Tierra”. Aseguró además haber dejado “instrucciones firmes” para ese escenario.
Las amenazas entre ambos países se remontan a 2020, tras la muerte del general iraní Qasem Soleimani en un ataque estadounidense. Desde entonces, se han denunciado presuntos complots contra Trump, aunque Irán ha negado cualquier implicación.
En medio del conflicto, Trump reconoció que la guerra podría extenderse varias semanas y confirmó bajas estadounidenses. También calificó a Khamenei como “uno de los hombres más malvados de la historia”.
Mientras tanto, expertos señalan que, aunque Irán no posee misiles capaces de alcanzar el territorio continental estadounidense, el riesgo de acciones encubiertas o a través de intermediarios no puede descartarse.
En caso de que un presidente en ejercicio fallezca, la Constitución establece que el vicepresidente asume inmediatamente el cargo. Actualmente, eso significaría que el vicepresidente JD Vance tomaría posesión.