La expresión inglesa
“llevar carbón a Newcastle” surgió en el siglo XVI para describir la acción absurda de llevar carbón a una ciudad que ya tenía de sobra. Algo similar ocurre hoy en el mundo real, y a gran escala. Países del Golfo como
Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos importan arena desde lugares como
Australia, China y Bélgica, según datos del OEC. Aunque parezca contradictorio que naciones desérticas compren arena, la explicación está en las
exigencias técnicas de la construcción.
Mientras avanzan con
megaproyectos multimillonarios —Arabia Saudita con su
Visión 2030 y los EAU con sus icónicos rascacielos— la demanda de un tipo específico de arena, que los desiertos no pueden proporcionar, ha impulsado un flujo constante de importaciones.
Este hecho revela además un problema global más amplio: la
escasez creciente de arena apta para construcción y las paradojas de la dependencia de recursos, incluso en lugares donde parecen abundar.
Por qué la arena del desierto no sirve
Aunque los desiertos saudíes están llenos de arena,
no toda la arena es igual. Los granos desérticos son redondos y lisos debido a miles de años de erosión por el viento. Esto los vuelve inadecuados para fabricar concreto, donde se necesitan granos
más angulosos y rugosos para formar una mezcla resistente junto al cemento y el agua.
El concreto se compone de tres elementos:
cemento, agua y agregados. Estos últimos representan hasta el
80% del volumen del concreto, e incluyen grava y arena. Pero
no cualquier arena funciona: su forma y textura determinan la
resistencia y durabilidad del material final.
La arena adecuada para rascacielos e infraestructura suele provenir de
ríos, lagos y fondos marinos, donde el agua produce granos más angulares. La arena del desierto, en cambio, es tan suave que —como compara el periodista Vince Beiser— usarla sería como
“intentar construir con canicas en lugar de ladrillos pequeños”.
Según el
Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP), el mundo consume unas
50.000 millones de toneladas de arena al año, pero solo una fracción es apta para construcción.
El papel de Australia como proveedor
Australia se ha convertido en uno de los principales exportadores de
arena de sílice y arena para construcción. En 2023 exportó unos
273 millones de dólares en arena, siendo el
segundo mayor exportador mundial. Arabia Saudita importó aproximadamente
140.000 dólares en arena natural de construcción desde Australia ese mismo año.
Estas importaciones reflejan la necesidad de materiales de
alta calidad para megaproyectos como
NEOM, The Red Sea Project y Qiddiya, donde la arena del desierto no cumple los estándares técnicos requeridos.
Un fenómeno extendido en el Golfo
Arabia Saudita no es el único caso. Países como
EAU y Qatar también dependen de arena importada para obras de gran escala. En Dubai, por ejemplo, la construcción del
Burj Khalifa requirió arena adecuada para concreto de alta compresión, la cual
no podía provenir del desierto y fue importada desde el extranjero.
La arena también se usa para
fabricación de vidrio, creación de islas artificiales —como
The Palm Jumeirah— y proyectos de
reposición de playas, actividades que han agotado recursos locales.
Un informe del
UNEP (2024) advierte que la rápida urbanización de Oriente Medio está impulsando la
demanda global de arena, y que la dependencia de importaciones continuará en el corto plazo.
Visión 2030 y la necesidad de calidad
Los proyectos de
Visión 2030 exigen materiales especializados que cumplan estándares internacionales. Importar arena apta para construcción no es una preferencia, sino una
necesidad estratégica para desarrollar ciudades inteligentes, complejos turísticos y megainfraestructura.
Una crisis mundial de arena
La dependencia de arena importada refleja una
crisis global: la extracción no regulada está causando
erosión de ríos, pérdida de hábitats y daños ambientales. Como respuesta, varios países exploran alternativas como el
M-sand (arena manufacturada) y el reciclaje de residuos de construcción.
Arabia Saudita también evalúa estas opciones, y aunque aún no existe una política nacional integral, expertos señalan que la
innovación en materiales podría reducir en el futuro su dependencia de arena importada.