El vicepresidente
JD Vance pasó gran parte del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca trabajando discretamente para evitar una ruptura política explosiva con el magnate tecnológico
Elon Musk. A medida que crecían las críticas públicas de Musk hacia la administración y aumentaban los rumores sobre la creación de un movimiento político alternativo, Vance emergió como un
mediador entre bastidores, tratando de mantener intacta la alianza. Según informó
The Washington Post, el esfuerzo buscaba tanto
estabilizar la coalición de Trump como
proteger el futuro político del propio Vance.
Vance como puente entre MAGA y Musk
El rol de Vance se vio facilitado por una relación con Musk que precedía a su llegada al cargo. Ex capitalista de riesgo, el vicepresidente había construido vínculos con figuras de Silicon Valley y se había posicionado como un raro republicano capaz de moverse con fluidez tanto en la política MAGA como en las prioridades del mundo tecnológico. Eso lo convirtió en un
intermediario natural cuando la influencia de Musk dentro de la administración creció y sus frustraciones comenzaron a estallar públicamente en redes sociales.
Cuando el conflicto se volvió tóxico
Las tensiones aumentaron drásticamente después de que Musk criticara públicamente los planes de gasto de Trump y sugiriera que el presidente estaba bloqueando la divulgación de archivos sensibles relacionados con
Jeffrey Epstein. El conflicto se intensificó aún más cuando Trump retiró la nominación de
Jared Isaacman, aliado de Musk, para dirigir la NASA. Para Musk, el gesto simbolizó un
desplazamiento deliberado, alimentando la idea de lanzar un
nuevo partido político que pudiera fracturar el apoyo republicano.
La intervención a puerta cerrada
Ante el creciente enfrentamiento, Vance trabajó de manera privada para contener el daño. Mantuvo
contacto directo frecuente con Musk y presionó a legisladores republicanos para reconsiderar la nominación de Isaacman, presentándola como un
gesto de buena voluntad que podría aliviar las tensiones. Aliados describen el esfuerzo como
delicado y en gran parte invisible, destinado a impedir que una disputa pública se transformara en una ruptura política definitiva.
Una rebelión evitada en silencio
A finales del verano, Musk
abandonó discretamente los planes de crear un nuevo partido, lo que redujo los temores de una fractura dentro de la base MAGA. Desde entonces, ha mostrado una
renovada disposición a apoyar a candidatos republicanos de cara a las elecciones de medio término de 2026, señalando una
tregua frágil con Trump. No obstante, ambas partes saben lo rápidamente que la relación ha colapsado en el pasado.
Por qué 2028 es clave
Las acciones de Vance son tanto estratégicas como leales. Ampliamente visto como
posible aspirante presidencial en 2028, es consciente del enorme
poder financiero y alcance digital de Musk. Por su parte, Musk habría señalado que ve a Vance como un
candidato serio para el futuro. Mantener viva esa relación, sugiere el artículo, podría ser tan importante para las
ambiciones de Vance como para la
supervivencia política de Trump en el presente.