Cuba afirmó haber abatido a cuatro exiliados armados y herido a otros seis después de que un grupo llegara a sus aguas en una lancha rápida registrada en Florida y abriera fuego contra una patrulla marítima, en medio de crecientes tensiones con Estados Unidos. El Ministerio del Interior aseguró que los implicados eran opositores al gobierno, algunos buscados por presuntos planes terroristas, equipados con rifles de asalto, explosivos caseros y chalecos antibalas. Los heridos reciben atención médica y un comandante cubano también resultó lesionado.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, negó cualquier participación oficial de Washington y afirmó que EE. UU. verificará los hechos de forma independiente. El fiscal general de Florida ordenó una investigación, cuestionando la versión cubana.
La confrontación ocurrió en una zona altamente militarizada del estrecho de Florida, habitual punto de salida de migrantes y operaciones de tráfico humano. El incidente revive tensiones históricas, casi 30 años después del derribo de las avionetas del grupo exiliado Brothers to the Rescue, hecho que endureció las sanciones estadounidenses mediante la Ley Helms-Burton.
El suceso coincide con una crisis energética y humanitaria en Cuba agravada por el embargo estadounidense y la reducción del petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro. Washington flexibilizó parcialmente las restricciones para permitir la reventa de petróleo venezolano al sector privado cubano, excluyendo instituciones estatales.
Mientras continúan apagones de hasta 20 horas diarias, México y Canadá enviaron ayuda humanitaria. Líderes caribeños pidieron diálogo para reducir la escalada entre ambos países.