Colombia enfrenta nuevamente la violencia de grupos armados al confirmarse que al menos 27 personas murieron en enfrentamientos entre facciones disidentes de las antiguas FARC en el departamento del Guaviare, en el centro‑sur del país. El choque ocurrió en áreas rurales del municipio de El Retorno, una zona estratégica marcada por la presencia de cultivos de coca y rutas de tráfico de drogas.
Las autoridades indicaron que los enfrentamientos fueron entre dos grupos rivales que formaban parte en el pasado del llamado Estado Mayor Central de las FARC. Por un lado estaba la facción liderada por Néstor Gregorio Vera, alias Iván Mordisco, y por el otro la comandada por Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá Córdoba. Según reportes, todas las víctimas mortales pertenecen al grupo de Mordisco.
Guaviare es una región que ha sufrido violencia persistente incluso después del acuerdo de paz de 2016, que desarmó a gran parte de las FARC. Sin embargo, varias disidencias continuaron con actividades armadas y han disputado el control de territorios que generan ingresos del narcotráfico y de la minería ilegal.
Estos recientes enfrentamientos evidencian los retos que enfrenta Colombia para consolidar la paz. Mientras una de las facciones estaba en conversaciones con el Gobierno del presidente Gustavo Petro, la otra continuó hostilidades tras la suspensión de un alto el fuego bilateral. La violencia entre grupos rebeldes no solo amenaza a los combatientes, sino también a comunidades cercanas y al proceso de reintegración de excombatientes.
El conflicto armado colombiano, que se ha prolongado por más de seis décadas, ha dejado cientos de miles de muertos y millones de desplazados, y estos enfrentamientos muestran que la violencia sigue siendo un desafío serio, incluso en regiones donde se esperaba consolidar la paz.