El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que instruye a todos los departamentos y agencias del gobierno estadounidense a iniciar el proceso de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones, convenios y tratados internacionales. Según la Casa Blanca, estas instituciones ya no sirven a los intereses de Estados Unidos. La orden, que debe ejecutarse “lo antes posible”, refleja una política exterior que prioriza acciones unilaterales y la soberanía nacional por encima de la cooperación multilateral.
La decisión se basa en una revisión de la participación de Estados Unidos en organismos globales, tras la cual la administración concluyó que la permanencia en muchas de estas entidades era “redundante, derrochadora, no alineada con prioridades nacionales o incluso una amenaza para la soberanía y prosperidad de EE. UU.”
Entre las 66 entidades figuran 31 organismos de las Naciones Unidas y 35 organizaciones no vinculadas a la ONU. Entre las organizaciones no pertenecientes a la ONU están cuerpos relacionados con el clima, la energía y el medio ambiente, como la Alianza Solar Internacional, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la Agencia Internacional de Energía Renovable y el Foro Mundial de Lucha contra el Terrorismo. Por su parte, en el ámbito de la ONU, Estados Unidos dejará de formar parte de agencias como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) y ONU Mujeres, entre otros organismos centrados en desarrollo, igualdad de género y recursos hídricos.
La CMNUCC es especialmente significativa, ya que sustenta los principales acuerdos climáticos internacionales y fue adoptada en 1992 para coordinar esfuerzos globales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La decisión de Trump marca una de las salidas más importantes de Estados Unidos del gobierno climático mundial y sigue a salidas anteriores como la del Acuerdo de París bajo una orden ejecutiva distinta.
Los críticos argumentan que retirarse de estas organizaciones podría debilitar la cooperación global en temas como cambio climático, salud pública, derechos humanos y desarrollo sostenible. Científicos y activistas ambientales han advertido que la salida de los tratados climáticos y de los organismos de evaluación científica podría ralentizar el progreso internacional en la lucha contra el calentamiento global y la preparación ante eventos climáticos extremos.
Los defensores de la medida, incluidos funcionarios estadounidenses, sostienen que priorizar los intereses nacionales y reducir el financiamiento a organizaciones consideradas ineficientes o mal gestionadas permitirá a Estados Unidos concentrar recursos en prioridades internas y cooperar internacionalmente solo donde vea beneficios estratégicos.
La retirada también incluye varias organizaciones regionales y enfocadas en desarrollo fuera del sistema de la ONU, lo que indica un retroceso más amplio en la cooperación internacional. Esta decisión se da en medio de un debate más amplio sobre el liderazgo de Estados Unidos en el mundo, la estrategia diplomática y el papel de las organizaciones internacionales en enfrentar desafíos globales.
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