La Estación Espacial Internacional (EEI) se acerca a sus últimos años en órbita, y la planificación de su regreso controlado a la Tierra ya está pasando de la teoría a la preparación práctica. Después de más de dos décadas de presencia humana continua en el espacio, ya no se espera que esta estructura envejecida pueda operar de forma segura más allá del final de esta década. La NASA y sus socios internacionales han confirmado que la estación no será abandonada ni se permitirá que caiga de manera aleatoria. En su lugar, será guiada hacia la Tierra mediante un proceso deliberado diseñado para minimizar los riesgos en el planeta.
El punto clave de este plan es una zona remota del océano conocida como Punto Nemo, elegida no por su simbolismo, sino por su extremo aislamiento. El proceso será lento, técnico y prácticamente invisible para la mayoría de las personas en la Tierra. Se desarrollará durante meses, no en cuestión de minutos, y la seguridad tendrá siempre prioridad sobre la velocidad o el espectáculo. La NASA ha reafirmado su compromiso de utilizar y operar la EEI de forma segura hasta 2030, mientras avanza en la transición hacia plataformas comerciales en la órbita baja terrestre.
El plan de la NASA para terminar la EEI pasa por el lugar más solitario del planeta
La estación espacial orbita la Tierra a una altura donde aún se siente la fricción de la atmósfera superior. Esa resistencia es débil, pero constante. Sin impulsos periódicos que eleven su órbita, esta va decayendo poco a poco. Con el tiempo, la gravedad y la fricción atmosférica hacen su trabajo inevitablemente, atrayendo los objetos hacia la Tierra.
Además, la estructura de la estación nunca fue pensada para durar indefinidamente. El envejecimiento de los materiales, las tensiones provocadas por los acoplamientos de naves y los cambios extremos de temperatura acaban pasando factura. Mantenerla permanentemente en el espacio requeriría sistemas de propulsión, suministro de combustible y márgenes de ingeniería que ya no resultan realistas. Permitir que se deteriore sin control sería un riesgo inaceptable.
Por qué es necesaria una reentrada controlada
Las grandes naves espaciales no pueden simplemente dejarse caer. La EEI es enorme y tiene componentes capaces de resistir temperaturas extremas. Una reentrada no controlada podría dispersar restos sobre zonas habitadas. Las normas internacionales de seguridad imponen límites estrictos al riesgo permitido para la población, y la estación los supera ampliamente.
Una reentrada controlada permite a los ingenieros dirigir los restos hacia un área donde la presencia humana es prácticamente nula y concentrar los fragmentos en una zona específica.
Dónde está el Punto Nemo y por qué es tan importante
El Punto Nemo se encuentra en el océano Pacífico Sur, aproximadamente a la misma distancia de Sudamérica, la Antártida y Nueva Zelanda. Se le conoce como el lugar más remoto de la Tierra y también como el “cementerio de naves espaciales”. Muy pocos barcos pasan por allí y no existen asentamientos humanos permanentes a miles de kilómetros a la redonda.
Ese aislamiento lo convierte en el sitio ideal para la reentrada controlada de grandes objetos espaciales. Varias naves y satélites ya han sido dirigidos a esta zona. La gran profundidad del océano y el escaso tráfico reducen enormemente el riesgo, incluso si algunos fragmentos alcanzan la superficie intactos.
Cómo se llevará a cabo el proceso de desorbitación
La estación no caerá de golpe en un solo evento espectacular. Su altitud se reducirá gradualmente. La fricción atmosférica hará gran parte del trabajo, disminuyendo la necesidad de combustible.
Una vez que la tripulación haya abandonado la estación y su órbita esté alineada correctamente, un vehículo especial realizará la maniobra final de desorbitación. Este encendido ajustará la trayectoria para que la reentrada ocurra exactamente sobre la zona oceánica prevista. A partir de ahí, la física se impone. Al entrar en capas más densas de la atmósfera, las tensiones aumentan rápidamente. Los paneles solares y los radiadores se separan primero, seguidos por los módulos más grandes. El calor extremo desintegra la estructura.
Qué partes sobrevivirán al paso por la atmósfera
Se espera que la mayor parte de la estación se queme por completo. El aluminio se derrite y se vaporiza con facilidad a esas temperaturas. Los equipos internos desaparecen poco después. Sin embargo, algunos elementos más densos, especialmente partes de la estructura principal, podrían resistir y llegar intactos al océano.
Los modelos indican que caerán dentro de un corredor definido cerca del Punto Nemo. Los ingenieros siguen perfeccionando estos cálculos utilizando datos de reentradas anteriores, como las de la estación Mir y Skylab, aunque cada estructura se comporta de manera distinta.
Impacto ambiental de los restos en el océano
Los estudios sugieren que el impacto ambiental será limitado. La zona elegida es enorme, profunda y biológicamente menos activa que las aguas costeras. Los restos se hundirán hasta el fondo marino y están compuestos en su mayoría por metales inertes. Los efectos ecológicos a largo plazo se consideran mínimos. La vigilancia se centrará en confirmar que los fragmentos caigan dentro del área prevista.
Por qué se planifica este final con tantos años de anticipación
El tiempo es un factor clave. Desorbitar una estructura de este tamaño requiere coordinación entre agencias, disponibilidad de naves y una precisión extrema en la mecánica orbital. Esperar demasiado reduciría las opciones y aumentaría los riesgos.
Planificar con antelación permite mantener el control del proceso. Será un final silencioso, metódico y casi invisible. No habrá un único momento dramático que marque el fin de la Estación Espacial Internacional, sino una serie de pasos cuidadosamente calculados que la traerán de vuelta a la Tierra, lejos de la tierra firme, lejos de la atención pública y deliberadamente fuera del camino humano.
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