Con su promesa de hacerlo “por las buenas o por las malas”, Donald Trump parece estar reactivando una vieja ambición estadounidense con un tono mucho más duro. Aunque en el siglo XX un plan para comprar Groenlandia por 100 millones de dólares nunca se concretó, el renovado interés de Trump ha dado nueva urgencia al tema y hace que Europa no pueda descartarlo como simple fanfarronería.
Estados Unidos ha dejado claro que no descarta una vía agresiva, citando los casos de Venezuela e Irán.
“Vean Venezuela. Intentó llegar a un acuerdo con Nicolás Maduro y le dijo: ‘Usaré al ejército de Estados Unidos si no aceptas, y no te va a gustar’. Y miren lo que pasó. También mostró un interés serio en un acuerdo con Irán sobre sus capacidades nucleares, y entonces ocurrió la Operación Midnight Hammer”, dijo esta semana la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Europa ha reconocido el “modo agresivo” de Trump y trabaja para responder de manera conjunta.
“Debemos estar preparados para una confrontación directa con Trump. Está en un modo agresivo y debemos estar listos”, citó Politico a un diplomático de la UE.
Tropas sobre el terreno
Francia y Alemania, junto con otros aliados europeos, están elaborando planes para contrarrestar una posible presión estadounidense sobre Groenlandia. Aunque Francia e Italia creen que EE. UU. difícilmente recurrirá a la fuerza militar, Europa considera aumentar la presencia de la OTAN en la isla.
“El Quai d’Orsay ya trabaja para prepararse y responder, y no hacerlo en solitario. Queremos actuar con nuestros socios europeos ante cualquier forma de intimidación”, dijo el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot.
Por su parte, el ministro alemán Johann Wadephul estudia con otros países un plan que podría incluir disuasión europea si EE. UU. intentara apoderarse de Groenlandia, así como una mayor presencia de la OTAN en la región.
Más dinero para Groenlandia
Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953 y obtuvo autonomía en 1979. Hoy debate su futuro, pero no existe un consenso para una independencia rápida. Incluso los partidos independentistas han pedido cautela.
Trump rompió este equilibrio en 2019 al proponer comprar la isla como si fuera una “gran operación inmobiliaria”. La idea fue rechazada, pero evidenció problemas económicos reales.
“Tenemos mucha gente bajo el umbral de la pobreza, la infraestructura es deficiente y nuestros recursos benefician sobre todo a empresas danesas, no a Groenlandia”, declaró el diputado independentista Kuno Fencker.
Bruselas y Copenhague ahora buscan responder con incentivos económicos. Según planes presupuestarios de la UE, el gasto europeo en Groenlandia casi se duplicaría hasta 530 millones de euros durante siete años a partir de 2028.
El mensaje es claro: Europa no vende Groenlandia, pero está dispuesta a invertir para asegurar su futuro.
Dialogar para evitar la escalada
Trump justifica su interés por razones estratégicas, afirmando que no puede permitir que Rusia o China ocupen la isla. Groenlandia es clave por su posición entre EE. UU. y Europa, su control del corredor GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido) y sus grandes reservas de petróleo, gas y tierras raras.
“No vamos a dejar que Rusia o China ocupen Groenlandia. Así que haremos algo con Groenlandia, por las buenas o por las malas”, afirmó Trump.
La salida más rápida podría ser una negociación que permita a Trump mostrar una “victoria política” sin que Dinamarca ni Groenlandia pierdan su soberanía.
Los partidos groenlandeses han sido tajantes:
“No queremos ser estadounidenses ni daneses, queremos ser groenlandeses. El futuro de Groenlandia debe decidirlo su propio pueblo”.
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, tiene previsto reunirse la próxima semana con funcionarios daneses para tratar el tema.
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