Chile atraviesa momentos críticos debido a una serie de incendios forestales que han golpeado con fuerza a distintas zonas del centro y sur del país. Las llamas, avivadas por las altas temperaturas y los fuertes vientos, han obligado a más de 50.000 personas a evacuar sus hogares, dejando a miles de familias en una situación de gran incertidumbre.
Las regiones más afectadas incluyen Biobío, Ñuble y zonas aledañas, donde el fuego se ha propagado rápidamente, arrasando con viviendas, terrenos forestales y cultivos. Equipos de emergencia trabajan sin descanso para contener los focos activos, pero las condiciones climáticas extremas han dificultado seriamente las labores de control.
Hasta el momento, las autoridades han confirmado varias víctimas fatales, además de decenas de heridos y cuantiosos daños materiales. El número de fallecidos podría aumentar a medida que se evalúan las zonas más afectadas, muchas de las cuales quedaron completamente aisladas durante las horas más intensas del incendio.
Ante la gravedad de la situación, el Gobierno decretó estado de catástrofe, lo que permite el despliegue de las Fuerzas Armadas para apoyar en evacuaciones, resguardo de zonas afectadas y logística. Asimismo, se han habilitado albergues temporales para las personas que lo perdieron todo y se ha reforzado el llamado a seguir las instrucciones de las autoridades.
Vecinos y vecinas relatan momentos de angustia, con evacuaciones realizadas a contrarreloj y el temor constante de que el fuego alcance sus casas. “El viento cambió de un momento a otro y el fuego se vino encima”, comentó un residente de la zona afectada.
Las autoridades insisten en la prevención y la responsabilidad, recordando que muchos incendios se originan por acción humana. Mientras tanto, el país permanece en alerta, esperando que las condiciones del clima permitan controlar los incendios y comenzar el largo proceso de recuperación.
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