Durante casi una década, el Boeing 727 que perteneció a
Jeffrey Epstein ha permanecido inmóvil en una plataforma al aire libre en Brunswick, Georgia. El avión, que en su momento fue símbolo de lujo y privacidad, hoy muestra un fuerte deterioro: su fuselaje está cubierto de suciedad, los motores fueron retirados y el interior parece detenido en el tiempo.
El jet fue apodado por la prensa como el “Lolita Express”, un nombre que no aparece en los registros oficiales de aviación, pero que se repite en documentos judiciales y reportes periodísticos. Según fiscales federales, Epstein utilizó el avión para trasladar a víctimas jóvenes entre sus propiedades en distintos puntos de Estados Unidos y el Caribe. Los registros de vuelo también indican que a bordo viajaron figuras conocidas, entre ellas el expresidente estadounidense
Bill Clinton y el príncipe británico
Prince Andrew.
El Boeing 727 fue adquirido en 2001 por una empresa vinculada a Epstein y permaneció bajo su control durante casi veinte años. El número de cola del avión, N908JE, hacía referencia a sus iniciales y aparecía tanto en el exterior como en objetos personalizados dentro de la cabina. El último vuelo registrado se realizó en julio de 2016. Poco después, los motores fueron retirados y vendidos, lo que dejó al avión sin posibilidad legal ni técnica de volver a volar.
En diciembre de 2018, meses antes de su arresto por cargos federales de tráfico sexual, Epstein vendió el avión a una empresa privada. Desde entonces, la aeronave ha cambiado de manos, pero nunca fue desmantelada, como se había planeado inicialmente. Actualmente permanece almacenada en una instalación de aviación, acumulando altos costos mensuales de mantenimiento.
El estado del interior es especialmente impactante. El avión no tiene electricidad desde hace años y al ingresar se percibe un fuerte olor a humedad. Aún se distinguen sus espacios originales: un dormitorio, varias salas de estar, dos baños y una cocina. Los acabados de madera, alfombras gruesas y paredes con espejos reflejan el lujo con el que fue diseñado, aunque hoy están cubiertos de moho, polvo e insectos.
En los baños se encontraron artículos de aseo, servilletas y toallas marcadas con el número del avión. En el dormitorio, donde algunas víctimas denunciaron abusos, la cama seguía hecha y colgaban máscaras de oxígeno del techo. También se hallaron teléfonos, documentos de vuelo, libros y objetos personales abandonados.
El avión transportó durante años a políticos, empresarios y celebridades. Fotografías antiguas muestran a Epstein junto a su colaboradora
Ghislaine Maxwell, quien fue condenada posteriormente por delitos de tráfico sexual y cumple una pena de prisión. Aunque algunas imágenes muestran a figuras públicas dentro del avión, ninguna ha sido vinculada directamente con delitos comprobados.
Epstein murió en custodia federal en agosto de 2019, en un caso que fue declarado oficialmente como suicidio. Sin embargo, las investigaciones sobre su red continúan en distintos países. En el Reino Unido, la policía ha revisado información sobre vuelos privados vinculados a Epstein hacia y desde aeropuertos británicos.
Hoy, el “Lolita Express” sigue en tierra, expuesto al calor, la humedad y el paso del tiempo. Más que un avión abandonado, se ha convertido en un recordatorio físico de uno de los mayores escándalos de abuso y poder de las últimas décadas.